La Dra. Chayo Busquets, psicóloga y terapeuta familiar platica contigo sobre la educación de tus hijos, temas de adolescentes y de pareja de una manera, clara, divertida y precisa.

La Dra. Chayo Busquets, psicóloga y terapeuta familiar platica contigo sobre la educación de tus hijos, temas de adolescentes y de pareja de una manera, clara, divertida y precisa.
La infancia y la adolescencia son etapas en las que el cerebro sigue en formación. Por eso, el tiempo y el tipo de contenido que consumen en pantallas influye directamente en su desarrollo emocional, social y mental. La prevención comienza al prestar atención a los hábitos digitales dentro de casa.
Todos cargamos heridas de la infancia que nos corresponde reconocer y sanar. Al mismo tiempo, proteger a los niños implica hablar de temas incómodos pero necesarios, como el abuso y la violencia. Crear conciencia, creerles cuando hablan y enseñarles herramientas de autocuidado puede marcar una diferencia profunda en su seguridad emocional y física.
Durante la adolescencia, incluso antes, los hijos necesitan construir su identidad y su propio espacio. Respetar su privacidad, su pudor y sus límites fortalece la confianza y les enseña que el respeto también existe dentro de casa.
La forma en la que reaccionamos determina la confianza que nuestros hijos sienten al hablar con nosotros. Aunque una noticia pueda sorprender o preocupar, es importante que sepan que siempre encontrarán un espacio seguro para expresarse sin miedo.
Aunque no siempre sea intencional, los padres pueden generar vínculos distintos con cada hijo según sus experiencias, expectativas o afinidades. Reconocerlo es importante para evitar conductas que afecten la autoestima, la seguridad y la relación entre hermanos. Más que negar esos sentimientos, la clave está en actuar con conciencia y responsabilidad.
Para los niños, sentirse vistos y acompañados en lo que les gusta es fundamental. Mostrar interés en sus hobbies y estar presentes —o buscar la forma de estarlo— fortalece su autoestima y vínculo emocional. No siempre es posible asistir, pero el interés genuino también se demuestra preguntando, escuchando y compartiendo.
En el ámbito académico, no todos los niños parten del mismo punto. Mientras algunos logran buenos resultados con facilidad, otros necesitan mayor esfuerzo para alcanzarlos. Valorar únicamente las calificaciones puede dejar de lado el proceso, la constancia y la disciplina, que también son fundamentales en el desarrollo personal.
La formación de los hijos no es responsabilidad exclusiva de la escuela. Los valores, límites y hábitos se construyen desde casa. Cuando no hay coherencia entre lo que se enseña en el hogar y lo que se refuerza en la escuela, se generan conflictos que afectan el desarrollo del niño y su capacidad de adaptación.
Diferenciar entre planes y promesas es clave en la crianza. Mientras las promesas generan certeza y compromiso, los planes pueden cambiar. Explicar estos ajustes a los niños les enseña empatía y flexibilidad, pero no cumplir constantemente lo que se promete puede afectar la confianza y el vínculo emocional.
En la rutina diaria es común corregir más de lo que reconocemos. Sin embargo, los niños también necesitan escuchar que son agradables, divertidos y valiosos en nuestra vida. Expresar que disfrutamos su compañía fortalece su seguridad emocional y les da un sentido de pertenencia. No se trata solo de educar, sino de hacerles sentir queridos en lo cotidiano.